Doctor Antonio Martínez Luengo, el orgullo de servir a esta nación

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Por Yany Díaz, El Kentubano, edición 129 mayo 2020

Carga sobre su espalda la experiencia de haber participado en varias contiendas, en su corazón el amor por su natal Puerto Rico y de su profesión, la noble labor de salvar vidas. Conversar con el Doctor Antonio Martínez Luengo, es hacerlo con alguien que conoces de toda la vida. La familiaridad y la calidez que emana siempre de su carácter, llena de vibras positivas a quienes lo rodean.

“Yo nací en la Isla del Encanto, de una familia humilde. En un verano, de la Escuela Superior, trabajé de voluntario en el Centro Médico en San Juan. Esa experiencia fue determinante, para decidir inclinarme hacia la medicina. En agosto de 1984, haciendo la especialidad de Obstetricia y Ginecología en Pensilvania, me gané una beca de la Fuerza aérea de Estados Unidos.”

¿Cómo médico y militar ha participado en numerosas misiones?

“Si, realmente ha sido una experiencia que ha marcado mi vida. Puedo mencionar la Operación Tormenta del Desierto en 1991, la Operación Guerra contra el Terrorismo en 2002, la Operación Coronet Oak, como apoyo médico en la lucha contra el   narcotráfico en Latinoamérica, en el 2006 y la Operación Inherent Resolve en Irak y Kuwait 2016-2017. Siendo médico militar me dio la oportunidad de servir a Estados Unidos y conocer varios países y culturas. Quería ser o dar apoyo a algo más grande que yo, ¡y qué mejor que servir en el país del cual soy ciudadano!”.

Antonio, ¿en qué piensa un soldado cuando está lejos de su hogar?

“En la familia, en regresar y verlos. Uno piensa en lo inmediato que es la misión; cuidar sus soldados y el personal. Hay que tener siempre la guardia en alto en zona de guerra y combate. Estuve 18 años en la Fuerza aérea y 17 años en el Ejército de EEUU, he sido médico militar por 35 años, donde no solo he salvado vidas, también he ayudado a traerlas al mundo. En la actualidad, me retiré como militar, pero siempre seguiré siendo médico”.

Siempre que conversamos me reafirmas ese orgullo que sientes de ser hispano.

“Te diré que como Coronel en mi última misión, fui el Director del Equipo Médico Norteamericano en las afueras de Bagdad. Teníamos una coalición compuesta por equipos médicos australianos, neozelandeses, británicos y españoles. Increíblemente a pedido de los australianos y neozelandeses me pidieron enseñarles español. Me sentí gratificado al hacerlo. Hoy, cada vez que un hispano se destaca, les abre la puerta a otros que vienen detrás; eso algo grandioso. Me enorgullece mi raza hispana que está abriéndose camino aportando a la sociedad. La cantera de talento humano es impresionante.”

¿Una anécdota que lo haya marcado como médico durante sus misiones?

“En mi última activación o movilización al Medio Oriente, en Irak, tuve el privilegio de atender soldados iraquíes, al igual que civiles. Me conmovió mucho que, a pesar de ser un país fraccionado por tantos conflictos bélicos, el sentido de agradecimiento y humanidad que me demostró el pueblo y soldados iraquíes ciertamente me impactó. Gente buena, decente y humana hay en todas las esquinas del planeta”.

Martínez, ¿qué consejo les daría a las nuevas generaciones?

“Estamos aquí en la Tierra con un propósito. Es responsabilidad y deber de cada ser humano descubrirlo, así como su misión en la vida que Dios nos ha regalado. Sacar tiempo para escuchar su voz interior, descubrir tu pasión, estudiar o trabajar, y una vez descubran eso, proponerse metas y luchar para ellas. La vida está compuesta de misiones y lecciones. Luchen por sus sueños”.