Rostros locales: Rubén Plasencia, la humildad nos hace mejores personas

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Por Yany Díaz, El Kentubano (El Kentubano, edición 133, Septiembre 2020)

Rubén Plasencia Chirino pocas veces descansa, siempre tiene la satisfacción de sentirse útil y ayudar a cada persona que lo necesite. No he encontrado a nadie que no se deshaga en elogios y me cuenten que detrás de esa persona humilde se esconde no solo un hombre trabajador, sino también un padre de familia cuya única ambición es ser el mejor ejemplo para sus hijos.

 Su temperamento, de hombre de campo, laborioso y gentil, así como su nombre, lo heredó de su padre Don Rubén Plasencia, campesino tabacalero y de Doña Hilda Chirino, maestra de escuela. No olvida las enseñanzas de su progenitor sobre el valor del trabajo y de cambiar siempre que se pueda la vida de los demás.

Rubén ha sido “un hombre orquesta”, desde deportista destacado, animador turístico, locutor de radio, mesero hasta maestro de escuela. Conversar con él, es un deleite, sobre todo porque tiene tantas historias que contar y tantos méritos para reconocer que su humildad no permite que las cuente. Tuve que sacarle- ¡y a medias!-, sus historias desde que llegara a este país. Siempre me habla con orgullo de los demás y de cómo un día, hace 10 años, un buen amigo, primero su jefe y hoy colega, Fernando Martínez Amar, le dijo mientras conversaban: ¡Rubén, un día usted y yo vamos a llevar a cabo un proyecto juntos! Así fue y en el pasado mes de julio abrió sus puertas ese proyecto con el Ole Hospitality Group: La Bodeguita de Mima. Un restaurante al que los clientes han denominado como “un pedazo de Cuba en Louisville”.

¿Quién es Rubén Plasencia?

“Rubén, es un guajiro de El Palenque, allá en Consolación del Sur en la provincia de Pinar del Rio, un lugar donde se perdió el gallo que el guajiro llevaba bajo el brazo- me cuenta entre sonrisas. Un ser humano agradecido, un padre de familia, un esposo, un hijo que ama sus padres y un amigo para quien lo necesite.”

Llegas a los Estados Unidos de conjunto con tu esposa en el año 2009, ¿Cómo fueron esos comienzos?

“Como el de todos, bien difícil. Este país es una escuela, yo comencé en una fábrica, no lo olvido como inspector de calidad “oliendo zapatos”, así como te lo cuento. Recuerdo que llegue a tener como tres trabajos a la vez donde apenas veía a mi esposa. En el 2014 llegué al grupo Ole… y hoy soy Manager de La Bodeguita de Mima”.

La Bodeguita de Mima es uno de los nuevos espacios gastronómicos que está llamando la atención en la ciudad.

“Me encuentro muy agradecido por ello, no imaginas el privilegio de formar parte de este proyecto. Te comentaba que hace algunos años tuve esa conversación con Fernando, yo jamás le recordé a él lo que habíamos hablado ese día y cerca de un año y medio atrás, me llama y me dice: Rubén, ¿recuerdas lo que habíamos hablado?, pues llegó el momento y acá estamos, cumpliendo este sueño, para que todo aquel que se sienta identificado con nuestra lengua, con nuestra comida, con nuestra historia, pueda conocer nuestra cultura y encuentre este espacio aquí.”

¿De qué se siente orgulloso Rubén?

“No considero haber logrado todo lo que quiero y siento que tengo mucha energía para llevar a buen puerto otros proyectos de conjunto con el Grupo Ole. Me siento particularmente orgulloso de poder ayudar a mi familia, a mis amigos y a mis padres, que tanto hicieron por mí. Siento que tomé la decisión correcta cuando vine a este país. Tenemos muchos proyectos a la puerta para abrir otros restaurantes, que poco a poco irán viendo la luz. Sin embargo, el más grande es mis hijos, ser el mejor ejemplo para ellos, pasar tiempo de calidad con ellos, mostrarle las oportunidades que este país puede ofrecer y contarles cada día lo que mi padre me enseñó: “siempre podemos ser mejores personas y cambiar vidas”.

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