Editorial: Los extremos políticos en EEUU

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Al final, lo importante no es la etiqueta que tienes de demócrata, republicano; lo que importa de verdad es la huella que dejas en tu comunidad, a cuantas personas les hiciste sentir bien, o a cuanta gente ayudaste cuando lo necesitaban.

Por Luis David Fuentes, PE (El Kentubano, edición 134, octubre 2020)

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Decido abordar el tema político esta vez, pues no solo es inevitable en estos momentos que vive esta nación, sino además porque es triste ver hoy día como las opiniones están tan parcializadas, que son comunes los ataques, las faltas de respetos, las burlas, las ofensas, etc.. Un motivo suficiente por el cual trataré de dejar un mensaje positivo.

Amigos míos, no olviden que por fortuna vivimos en un país (¡y ojalá que no cambien nunca!), en donde cada cual tiene el derecho a pensar, de decir, de comentar y mostrar su apoyo a quien estime conveniente… dicho a lo cubano: ¡A quien le dé la reverenda gana! Por eso está mal que porque uno se defina Demócrata le digan comunista, lo ofendan y lo quieran mandar para Cuba; de la misma manera está mal que si uno se define Republicano, le pongan la etiqueta de racista, supremacista blanco y antinmigrante. ¡Eso está incorrecto! No solo viola el derecho de expresión libre, sino porque además la ofensa no hará que la otra persona cambie de opinión, al contrario, se va atrincherar y le va a disparar para atrás con sus argumentos, provocando que la situación escale. 

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Entendamos de una vez y por todas, que en una sociedad libre NO es un pecado mostrar simpatía a un partido político o con un candidato, ya sea azul, verde o colora’o. Usted no puede machacar a otra persona, ni bloquearla en las redes sociales, ni ofenderla, sencillamente porque su preferencia política difiera de la suya. Y menos aquí, en EEUU, el país de la libertad, al que incluso muchos de esos mismos que actúan así se jugaron la vida en el mar o en las selvas para disfrutar este privilegio, de decir lo que siente, de hablar sin hipocresía…

En lo personal, a lo largo de los más de 20 años que vivo en esta nación he cultivado muy buenas amistades, así tengo muy buenos amigos Demócratas, personas honestas, decentes, de muy buenos sentimientos, y de la misma manera que tengo buenos amigos Republicanos con iguales cualidades; y les aseguro que yo no pienso dejar de ser amigo de ninguno de ellos, porque pensemos diferentes; primero por la simpatía y el agradecimiento que les guardo, y segundo porque a mí me encanta debatir con ellos y sacar provecho de las diferencias.

En mi caso por ejemplo, desde que yo comencé a conocer sobre la política de este país, me identifiqué con los republicanos, y desde entonces siempre he votado por ese partido. Eso no significa que yo no discrepe con algunos postulados de ese partido, y de la misma manera que pudiera estar de acuerdo con otras cosas que promueven los demócratas – y porque además ninguno de los dos partidos es santo y puro como se pintan, y tanto uno como otro tienen responsabilidad en la tremenda división que se vive hoy día- pero basado en mis principios, en mis valores, en lo que deseo para mis hijos, en mis experiencias en lo laboral, en mis negocios, de donde procedo siempre me he identificado más con los enunciados del partido republicano. Si a eso se le agrega, que veo hoy un partido demócrata muy diferente al que yo conocí hace 10 o 15 años atrás, que en ese momento era más de centro. A mí no me queda dudas que la izquierda extremista ha penetrado al Partido Demócrata y hacia allá lo empuja, hacia el extremo, utilizándolo a su conveniencia para promover políticas y agendas, que NO son precisamente las que me hicieron enamorarme de esta nación.

Entonces esa tendencia brusca hacia la izquierda a mí me preocupa: ver a las personas hablando de socialismo como si fuera algo “cool”; hablando de salud gratis; de universidades gratis; de más regulaciones del gobierno; de más impuestos sobre los que mayor riqueza generan; ver una prensa parcializada respondiendo a los intereses de solo una parte; de escuchar de propuestas para eliminar la policía; de saber del programa que deben impartir los maestros de universidades; de eliminar la historia derribando estatuas (hasta de Cristóbal Colón!); cuando ves el silencio de este partido ante la violencia, el miedo y el desorden que se han adueñado de ciudades precisamente manejadas por demócratas- como por ejemplo de Louisville, que da tristeza caminar por su downtown-, y lo que más me preocupa: experimentar la intolerancia ante el que no piense como ellos, es decir, debes pensar y apoyar sus causas, de lo contrario eres víctima de acoso, ofensas, amenazas… Y yo sé que aquí existe una buena constitución, que los poderes están divididos, que existe un Senado, pero que me disculpen los otros hispanos y los cubanitos más jóvenes que no vivieron esas circunstancias, al menos yo, esas ideas las quiero bien pero bien lejos de mí y de mi familia.  

Y estamos de acuerdo, el Presidente Trump tiene muchos defectos: no tiene suficiente educación política, es bien sabido su falta de carisma, su temperamento impulsivo, su poca diplomacia, su carácter egocéntrico, etc., etc., etc., pero… como él no viene los fines de semana a mi casa a jugar dominó, ni a fumarse un tabaco conmigo, su personalidad no es prioridad para mí, es por eso que yo prefiero centrarme en las otras cosas que pesan más en mi balanza personal.   

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Igual soy sincero, que aunque voté por él en el 2016, Trump no era mi candidato preferido, de todas las opciones republicanas era el que menos me gustaba. Aunque también les confieso que su gestión en sus primeros 3 años (antes del maldito COVID-19) lejos de disgustarme me sorprendió positivamente. Tal vez eran las expectativas bajas que tenía, pero lo que yo vi a mi alrededor, con mi familia, a mis amigos, mis vecinos, fue prosperidad y desarrollo; yo no he conocido a nadie que le haya ido peor; yo vi más seguridad, menos burocracia, menos desempleo, gente viajando, comprando casa y autos nuevos como nunca lo había visto (El Kentubano se reventó con anuncios de realtors y dealers de autos); vi menores índices de criminalidad, más respeto, más orden; y me gustó cómo se manejó la política exterior… porque vamos a estar aquí, los que más se van alegrar que Trump no sea el próximo presidente serán los enemigos de esta nación, Irán, China, Rusia, Corea del Norte, Cuba, y Venezuela.

Y que quede claro, yo ni soy ciego ni soy fanático. No quiere decir que durante los últimos 4 años todo fue color de rosas, que no se han cometido errores, que muchas cosas pudiesen haberse hecho de una manera diferente; en fin, podemos estar hablando horas de todos los defectos del presidente, pero en lo personal, a la hora de hacer mi sumatoria, mi balanza se inclina hacia lo positivo.

Esta es mi opinión, y si usted tiene otra, créame que para mí no hay ningún problema, es normal que existan diferencias. De la misma manera que si es elegido el candidato demócrata, les puedo asegurar que lo respetaré y jamás me verán faltándole el respeto públicamente, porque sencillamente fue elegido democráticamente y representa la máxima autoridad del país que me acogió y me ha permitido ser feliz.

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Como tampoco me verán nunca en el muro personal de Facebook de alguien que piense diferente a mí, cuestionándole, burlándome u ofendiéndolo, como se estila por estos días… y lo digo porque a mí me pasa con frecuencia, que me han llamado manipulador o paranoico, solo por expresar mi preocupación con eso que mencioné anteriormente del avance de las ideas socialistas en EEUU.

Porque vamos a lo que es, el hecho que yo decida votar republicano en las próximas elecciones no le da a usted ni a nadie ningún derecho de criticarme y mucho menos ofenderme o difamar contra mi persona; porque al final amigos míos, lo importante no es la etiqueta que tienes de demócrata, republicano, lo que importa de verdad es la huella que dejas en tu comunidad, a cuantas personas les hiciste sentir bien, o a cuanta gente ayudaste cuando lo necesitaban.

Les digo más, ahora mismo, a raíz del evento reciente de apoyo al restaurante “La Bodeguita de Mima”, hay personas que han estado de fiesta difamando contra mi persona, llamando a boicot contra mis negocios, acusándome de racista, de machista, de blanco rico supremacista, de antinmigrante… Todo eso por el sólo hecho de apoyar lo que yo creo es correcto, haciéndolo de forma educada, pacífica, sin ofender a nadie. Llama la atención que los que usan esa forma ofensiva y radical son irónicamente las personas que supuestamente claman por lo correcto, por la bondad, por la justicia, por una sociedad más inclusiva, más justa… ¡Vaya hipocresía!

Entonces, en lugar de criticar u ofender, utilicen ese mismo tiempo y energía, PRIMERO para agradecer a esta Nación, a darle las gracias a Dios por gozar de la libertad que tenemos, del privilegio de votar por su candidato o partido político de su preferencia – es más, les sugiero porque muchos no lo hacen- que critiquen primero a los gobernantes de sus países de origen que nos hicieron emigrar, en lugar de criticar tanto al de esta nación que los acogió y les permiten vivir dignamente- y SEGUNDO, los invito a que HAGAN más y HABLEN menos.

Entonces, en lugar de criticar y cuestionar la preferencia política, yo los invito a que piensen, sugieran, a que propongan iniciativas para ayudar al resto. Los invito a que se sumen cuando se recojan ropas o comida para ayudar a familias necesitadas; que organicen conferencias para compartir sus conocimientos con los recién llegados; que organicen eventos comunitarios (dominó, ajedrez, peñas culturales); que visiten escuelas para que compartan sus experiencias con los estudiantes; que visiten los centros de cuidados de ancianos para llevarles alegrías a los abuelos; que apadrinen a una familia de Cuba, ya sea los afectados por las tormentas o alguna que tenga presos políticos; que hagan campañas para personas enfermas (ahora mismo hay una campaña de ayuda a una familia que tiene a su nena enfermita de cáncer); en fin, hay un montón de maneras e ideas allá afuera esperando por ustedes. El que tenga duda, que me contacte que yo le dejo saber, porque este que escribe, un hispano inmigrante que vota republicano, junto con el grupo de la Asociación Cubano Americana de KY, llevan años haciéndolo, sin importar que religión profesa o que partido apoya el que lo necesita.

“Hacer es la mejor manera de decir”, decía el Apóstol, y esa es la huella positiva a la que me referí anteriormente. En lugar de estar atizando diferencias, alentando protestas, o cuestionando al que tenga una opinión política diferente, súmese a las iniciativas que les nombré anteriormente. Así es que realmente se ayuda a esta nación, así vamos a ser mejores ciudadanos, y esa, es la mejor manera para unir a la comunidad, y clamar por la justicia en este país. Lo demás, desde mi opinión, es cuento y oportunismo…