Rostros locales: Yoendris Fumero, transformar cuerpos, fortalecer mentes
El Kentubano, exaltando, reconociendo, y aplaudiendo las buenas obras de nuestra comunidad

Yoendris Fumero Arias, habanero del municipio Playa, creció en un entorno que le inculcó desde temprano el valor del esfuerzo y la disciplina. Su vocación por el entrenamiento físico nació en la juventud, cuando descubrió el poder del ejercicio para transformar no solo el cuerpo, sino también la mentalidad y la vida de las personas. A partir de ese momento entendió que su propósito estaba en acompañar a otros en su camino hacia la salud, la confianza y el bienestar.
¿Qué fue lo primero que te motivó a dedicarte al entrenamiento físico y al bienestar de las personas?
Desde muy joven me llamó la atención cómo el ejercicio puede transformar no solo el cuerpo, sino también la mentalidad y la vida de una persona. Descubrí que ayudar a otros a mejorar su salud y confianza me daba un propósito real, y desde entonces supe que este era mi camino.
¿Cómo recuerdas tus inicios en el deporte y qué aprendizajes de esa etapa aún influyen en tu trabajo actual?
Mis inicios fueron humildes: pocos recursos, pero muchas ganas. Aprendí que la constancia vence cualquier limitación. Esa etapa me enseñó a valorar el esfuerzo, a ser creativo para entrenar con lo que tuviera disponible y a entender la importancia de la disciplina. Hoy transmito exactamente esos valores a cada cliente.
Cuando llegaste a EEUU, ¿Qué desafíos personales o profesionales marcaron tu proceso de adaptación?
Llegar aquí fue empezar desde cero. El idioma, la cultura, las responsabilidades… todo representó un desafío grande. Profesionalmente tuve que demostrar mi capacidad, ganarme la confianza y adaptarme a un mercado totalmente nuevo. Fue un proceso duro, pero también me fortaleció.
¿Qué ha sido lo más retador de esta transición y qué ha sido lo más gratificante?
Lo más retador ha sido mantenerme enfocado incluso cuando las cosas se complican. Lo más gratificante es ver cómo el sacrificio se convierte en oportunidades: clientes transformándose, crecimiento profesional y la sensación de estar construyendo un futuro sólido en este país.
¿Cómo describirías tu enfoque como entrenador?

Mi enfoque es estratégico, personalizado y muy humano. No entrego rutinas genéricas; estudio a cada persona, su estilo de vida y sus metas. Lo que me diferencia es el compromiso: me involucro al 100% y busco sacar la mejor versión de cada cliente, tanto física como mentalmente.
¿Qué habilidades o valores te ha dado el deporte que hoy aplicas en el gimnasio con cada persona que entrenas?
El deporte me enseñó disciplina, paciencia, resiliencia y responsabilidad. También me enseñó algo clave: competir contigo mismo cada día.
¿Qué metas suelen traer tus clientes y cómo los acompañas para alcanzarlas de manera realista y sostenible?
Muchos llegan buscando perder grasa, tonificar, ganar masa muscular o simplemente sentirse mejor. Los acompaño con planes claros, medibles y adaptados a su rutina diaria, asegurando que cada objetivo sea alcanzable y sostenible en el tiempo.
¿Cuál consideras que ha sido tu mayor crecimiento profesional desde que comenzaste como entrenador aquí?
Mi mayor crecimiento ha sido entender profundamente a las personas: sus procesos, sus obstáculos y sus motivaciones. Hoy ofrezco un servicio más completo, combinando entrenamiento, nutrición y mentalidad.
¿Cómo imaginas la evolución de tu carrera en los próximos años dentro de la comunidad latina de Kentucky?
Me visualizo como una de las principales referencias de entrenamiento dentro de la comunidad latina, ayudando a más personas a transformar su vida de manera saludable y realista.
¿Qué lugar ocupa la disciplina en tu vida y cómo se refleja en tu proyecto?
La disciplina guía todo lo que hago y sostiene mi crecimiento. Ese principio también inspira YoefitJourney, un programa diseñado para ayudar a la comunidad latina a transformar su cuerpo de forma realista y constante. Este proyecto no existiría sin el apoyo de mi esposa, Lili. Mi mensaje final es simple: empieza hoy; el progreso nace de la repetición diaria.
Por Yanet KantAlma, El Kentubano (Edición 197, enero 2026)










