Consejos del profesor Mesa: Gritar no educa

Por Braulio Mesa, profesor retirado de ESL Newcomer Academy/ braulio.mesa61@gmail.com

El Kentubano, edición 197, enero 2026

Los padres están convencidos que no le deben gritar a sus hijos, pero, sin darse cuenta lo hacen a menudo. Todo parece que nuestros hijos responden como un reflejo al grito. Cuando gritamos llamamos la atención, de primer momento, pero a la larga, no funciona y pierde su efecto. Entonces tendremos que gritar más a menudo, más fuerte o gritar todo el tiempo. Espero que todos estén de acuerdo que educar sin gritar es posible y debería ser nuestra primera elección.

La vida actual ha llevado a nuestros hijos a obedecer solo al vernos enfadados o molestos. Por lo que escuchan solo cuando se les alza la voz. Pero mientras más usamos este método, más se acostumbran a él y más nos costará que obedezcan sin necesidad de gritar. Para quienes tienen incorporado esta forma de hacer cumplir las normas, sé que no es nada fácil eliminarla, pero hay que tratar de hacer un stop antes de comenzar a gritar. Añádelo a la lista de tus deseos navideños de este año. Veamos algunas razones para dejar de usar el grito con quienes nos rodean:

● Gritar convierte a los niños en sordos: Lo que explicamos con el grito no se aprende, porque los oídos de nuestros hijos se cierran automáticamente al oírlo. Después de una interacción negativa nadie está dispuesto a escuchar con verdadera atención, con ganas de aprender o mejorar, eso solo se consigue con interacciones positivas. Si queremos hacer mejores a nuestros hijos, no lo conseguiremos gritando.

● Gritar no canaliza las emociones: Solo nosotros somos el ejemplo del comportamiento de nuestros hijos. Cuando perdemos el control y gritamos, lo que les transmitimos es ira, rabia y agresividad. Estaremos educando unos adolescentes llenos de rabia que gritan y pierden el control delante de la explosión de emociones que se tiene en esa etapa evolutiva. Si escuchan gritos, aprenden a gritar.

● Gritar asusta a nuestros hijos: Nuestros hijos, primero, sienten miedo, después rabia y por último, impotencia. Pero nosotros no queremos que nuestros hijos sientan miedo. Nuestra intención, cuando gritamos, es que obedezcan, que aprendan, que hagan lo correcto, que nos respeten, etc., pero no queremos provocarles miedo. Por lo tanto, solo con nuestra actitud conseguiremos el efecto que deseamos: el respeto se gana respetando, la obediencia se gana con paciencia, el aprendizaje, con tiempo y esfuerzo.

● Gritar aleja a nuestros hijos: Cada vez que le gritamos a nuestros hijos ponemos una piedra en el muro que nos separa. Perdemos autoridad positiva, perdemos respeto, perdemos comunicación, ganamos distancia, ganamos frialdad en las relaciones, ganamos más gritos y ganamos malestar emocional.

Por lo que, a más gritos, menos autoestima. Educar a gritos tiene un efecto nefasto sobre la autoestima de nuestros hijos. Lejos de sentir que estamos orgullosos de sus logros y sus esfuerzos, lo que sienten es que nunca están a la altura, hagan lo que hagan, siempre aparecen los gritos y borran cualquier sentimiento de haber hecho algo bien.

Todo suena muy bonito en papel, pero solo siguiendo un plan se nos hará un poquito más sencillo dejar de gritar. Por ejemplo, tenemos que hacer el compromiso de no gritar y hablar con respeto, pediremos ayuda a toda la familia y cuando nos equivoquemos, que nos rectifiquen, de esta manera cada vez lo haremos mejor. Tendremos que manejar nuestras emociones, así estaremos tratando de enseñarles a controlar la suya. Si damos un buen ejemplo, nuestros hijos nos imitarán. Importante es tener en cuenta que son niños y actuarán como tal, por lo que sí hay que recordarles diariamente lo mismo hasta que adquieran el hábito, la responsabilidad y entonces pasaremos a otras nuevas.

Es un trabajo que no acaba. Sé respetuoso, cuando los niños son tratados con respeto sienten más ganas de portarse bien y de tratar con respeto a los demás. Si por cualquier razón te enojas, cierra la boca, no digas nada, no tomes ninguna decisión, respira profundamente y solo actúa cuando estés calmado. Hablar, castigar o actuar cuando uno está molesto aumenta la probabilidad de tomar decisiones muy malas, de gritar, de castigar exageradamente y de actuar desproporcionadamente. Aléjate de la situación si es posible. Ofrece empatía a cualquier cosa que él diga o haga. De esta manera aprenderán a aceptar y manejar sus sentimientos, por ende, podrán hacerlo también con su comportamiento. Si quieres que tu hijo te obedezca, ten paciencia y repite la norma las veces que haga falta, incluso ayúdale físicamente a hacerlo, cógele de la mano y guía sus pasos. Quieres que tu hijo te respete, enséñales con el ejemplo.

Quieres educar bien a tu hijo, hazlo desde el reconocimiento y desde el afecto, no desde los gritos y los castigos. Fija tus objetivos y fija también tus pasos. Los aprendizajes requieren tiempo y paciencia, tu hijo no lo puede aprender todo a la primera, más bien es, al contrario, no aprenderá nada a la primera. Por último, actúa siempre de forma positiva. Si ayudas a tus hijos a dirigir correctamente sus emociones, aprenderán de las nuestras y serán mejores.

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