Rostros locales: Jairo Cruz, cuando la danza es raíz, refugio y destino
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Jairo Cruz González, originario de Holguín, descubrió su amor por la danza desde los cuatro años, cuando su abuela y su tía le enseñaron a bailar rumba, y su barrio se convirtió en su primer escenario. Esa temprana conexión marcó su camino profesional y lo llevó a presentarse en giras internacionales antes de emigrar definitivamente a EEUU. Su llegada en 2022 implicó desafíos propios del proceso migratorio y del choque cultural, lo que dificultó continuar bailando como antes. Sin embargo, Jairo no ha dejado de buscar espacios para mantener viva la pasión que lo acompaña desde la infancia.
¿Qué etapas o experiencias dentro de tu formación artística consideras que marcaron tu estilo y tu identidad como bailarín?
Formar parte de la compañía TPS en México fue decisivo. Allí crecí profesionalmente, viajé de gira y entendí la importancia del estilo propio, la musicalidad y la fuerza expresiva del cuerpo. Esa etapa consolidó mi identidad como bailarín y me preparó para escenarios internacionales.
Aunque hoy trabajas en otras áreas, ¿cómo has logrado mantener viva tu relación con la danza?
La danza siempre encuentra su espacio. Aunque mis responsabilidades han cambiado, sigo entrenando, creando y manteniéndome activo cada vez que surge una oportunidad. La danza es parte de mí y no desaparece.
¿Qué tipo de proyectos o presentaciones has podido realizar aquí y qué han significado para ti?
He participado en presentaciones de danza en distintos espacios, pequeñas colaboraciones y proyectos independientes. Cada oportunidad ha sido un recordatorio de que mi arte sigue vigente, incluso en medio de procesos migratorios y cambios laborales.
¿Qué retos enfrenta un bailarín inmigrante al intentar abrirse paso en un país nuevo y con un mercado artístico diferente?
El idioma no es la barrera principal, porque la danza habla por sí sola. El verdadero reto es encontrar los canales adecuados para entrar a festivales o compañías mientras trabajas 12 horas al día y entrenas tres más. Además, un estatus migratorio como la I-220A limita viajar y participar en eventos internacionales. Por eso toca enfocarse en crecer aquí, paso a paso.
Desde tu perspectiva, ¿qué aporta la danza cubana o latina a la escena cultural de Kentucky?
Aporta un pedazo vivo de nuestra cultura, aunque siento que otras manifestaciones artísticas están más integradas en la escena local. La colaboración entre la danza cubana y artistas locales aún no ocurre plenamente… pero el camino está ahí, esperando ser explorado.
¿Qué sientes cuando estás en un escenario o cuando te toca crear, ensayar o simplemente moverte al ritmo que te gusta?
Es difícil de explicar, pero bailar es la vida misma. Todos bailan sin saberlo, viviendo una coreografía infinita. Para muchos no significa nada; para mí, bailar es lo que me hace sentir vivo.
¿Qué oportunidades te gustaría explorar próximamente para seguir desarrollándote en tu profesión artística?
Me gustaría explorar la videodanza y el cine a través de la danza. Estudié fotografía y producción cinematográfica en México, y siento que las plataformas digitales me permiten mostrar mi trabajo de formas que antes no eran posibles.
¿Cómo pueden las personas contactarte para proyectos, clases, colaboraciones o redes sociales?
Pueden seguir mi trabajo y contactarme a través de mis redes sociales: Instagram, Facebook y TikTok: Jairo Cruz González
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a otros artistas que llegan y deben reinventarse mientras intentan mantener encendida su pasión?
Que no olviden sus sueños ni permitan que alguien les diga que no es posible. Este país impone una carrera contra el tiempo basada en el consumo, pero para los artistas, el éxito está en no olvidar quiénes somos. Conserven su esencia, sus raíces y su cultura; eso es lo que realmente nos diferencia.
Por Yanet KantAlma, El Kentubano (edición 197, enero 2026)










