El enigma del “ahorita”, cuando el tiempo en México se vuelve relativo
México Lindo (El Kentubano, edición 198, febrero 2026)
Si Albert Einstein hubiera vivido en México, su teoría de la relatividad habría tenido que incluir una variable adicional: el “ahorita”. Para cualquier extranjero que pisa tierra azteca, pocas palabras generan tanta confusión, frustración y fascinación como este pequeño diminutivo. Gramaticalmente, es inofensivo; culturalmente, es un laberinto.
En la mayoría de los países hispanohablantes, la palabra raíz “ahora” denota inmediatez. Sin embargo, en México, al añadir el sufijo “-ita” —un mecanismo lingüístico que los mexicanos usan para todo, desde demostrar cariño hasta suavizar malas noticias— el concepto del tiempo deja de ser lineal y se convierte en algo elástico. El “ahorita” no marca una hora en el reloj; marca una intención, una prioridad o, a veces, una excusa cortés.
El espectro temporal del ahorita
Para navegar la vida social y laboral en México, es vital comprender que esta palabra es polisémica. Su significado depende enteramente de tres factores: el contexto, la entonación y el lenguaje corporal.
1. El “ahorita” inmediato (En este instante) Aunque parezca contradictorio, a veces “ahorita” sí significa “ya”. Suele ir acompañado de una entonación ascendente o imperativa. Si una madre mexicana le dice a su hijo: “¡Te bajas de ahí ahorita!”, no hay margen de negociación. La acción debe ocurrir en segundos.
2. El “ahorita” a mediano plazo (En 5 minutos o un par de horas) Este es el uso más común y el que más confunde a los visitantes. Si estás en un restaurante y el mesero dice “ahorita le traigo sus bebidas”, o si un amigo dice “ahorita llego”, se abre una ventana de tiempo indeterminada. Significa: “estás en mi lista de tareas, tengo la intención de hacerlo, pero primero debo terminar lo que estoy haciendo”. Puede ser cuestión de minutos o lo que tarde en acabarse el tráfico.
3. El “ahorita” lejano o el “nunca” (La negativa cortés) Aquí reside la verdadera complejidad cultural. El mexicano, por idiosincrasia, tiende a evitar el conflicto directo y le cuesta mucho decir “no”. Es considerado rudo rechazar una petición de golpe. Por ello, el “ahorita” se convierte en un escudo.
- ¿Un vendedor ambulante te ofrece algo que no quieres? Respuesta: “Ahorita no, joven, gracias”. (Significa: Nunca).
- ¿Un jefe pide una tarea imposible para la tarde? Respuesta: “Ahorita lo checo”. (Significa: Probablemente no lo haré hoy, y espero que se te olvide).
¿Por qué lo usamos?
El antropólogo y el lingüista coincidirían en que el “ahorita” suaviza la realidad. El tiempo real es duro y exigente; el tiempo del “ahorita” es amable y flexible. Es una forma de no comprometerse al 100% sin romper la armonía del momento. No es necesariamente un acto de impuntualidad maliciosa, sino una priorización de las relaciones y la cortesía sobre la rigidez del reloj.
Para el extranjero, el consejo es la paciencia y la observación. Si alguien te dice “ahorita” mientras mantiene contacto visual y se mueve hacia ti, es inminente. Si te lo dicen sin mirarte y siguen caminando, es mejor que tomes asiento: la espera podría ser larga. En México, el tiempo no es oro; el tiempo es vida, y la vida se toma su “ahorita”.
Redacción El Kentubano. Foto: gemini.google.com










