Rostros locales: Ashley, mucho ritmo y una corona para recordar
El Kentubano, exaltando, reconociendo, y aplaudiendo las buenas obras y a los líderes de nuestra comunidad

A sus ocho años, Ashley ya sabe lo que significa subir a un escenario, sentir los nervios antes de que comience la música y olvidarse de todo cuando llega el momento de bailar. Nacida en Estados Unidos e hija de padres camagüeyanos, ha crecido muy conectada con la cultura cubana, especialmente a través de la música y el baile.
Sus padres, Kleysy y Ronly, recuerdan que las primeras señales aparecieron cuando apenas tenía dos años. Ashley observaba un baile y enseguida intentaba repetir los movimientos. Aquello que comenzó espontáneamente en casa fue tomando forma y, a los cuatro años, comenzó su preparación formal en una academia.
Desde los siete forma parte de Baila con Micho, donde continúa aprendiendo diferentes ritmos latinos. Entre sus favoritos está el reparto cubano, que disfruta por su energía y porque le permite expresar las raíces que ha heredado de su familia. Basta escuchar una canción de Bebeshito para que le entren ganas de bailar.
El escenario, lejos de intimidarla, es uno de sus lugares favoritos. Ashley reconoce que siente algunos nervios antes de una presentación, pero desaparecen en cuanto comienza la música. Entonces solo piensa en disfrutar, sonreír y hacer lo que más le gusta. También disfruta especialmente compartir los ensayos con sus compañeros, aprender nuevos pasos y después ver sobre el escenario el resultado de todo lo que practicaron juntos.
Esa pasión ya la ha llevado fuera de Kentucky. En julio de 2025 participó en el Salsa Congress de Las Vegas y en 2026 viajó al Salsa Congress de Miami, donde su grupo obtuvo el tercer lugar. También ha participado durante tres años consecutivos en los Carnavales de Sweet Habana y en diferentes eventos y presentaciones junto a su academia.
Pero uno de los momentos más importantes de su corta trayectoria llegó este año durante el certamen Reina del Carnaval de Kentucky 2026. Ashley obtuvo la corona en la categoría infantil y, además, recibió el reconocimiento a Mejor Talento.

Para ella, la noticia significó felicidad inmediata. Había trabajado para ese momento y sabía que detrás estaban también las horas de práctica y el apoyo constante de su familia. El premio al talento tuvo un significado especial porque pudo mostrar ante el público precisamente aquello que ama hacer desde que era muy pequeña: bailar.
Sin embargo, no todo le sale a la primera. Los pasos nuevos o demasiado rápidos pueden complicarse, pero Ashley tiene una regla sencilla: seguir practicando hasta conseguirlos. Ensaya durante sus clases y también en casa, muchas veces utilizando aquella misma habilidad de la infancia: observar un movimiento e intentar reproducirlo. Esa perseverancia es precisamente una de las cualidades que sus padres han visto crecer junto con ella.
Kleysy y Ronly aseguran que el baile también les ha permitido verla desarrollarse en otros aspectos. Con los años ha adquirido mayor disciplina, responsabilidad, seguridad y confianza en sí misma. Al mismo tiempo, procuran mantener un equilibrio entre sus presentaciones, sus estudios y su vida familiar. Ashley estudia en una escuela católica, participa en actividades escolares y recientemente celebró su Primera Comunión.
Para sus padres, verla disfrutar cada experiencia sigue siendo lo más importante. Los viajes, las competencias y los reconocimientos son motivo de orgullo, pero tienen claro que no quieren convertir su talento en una presión. Prefieren acompañarla, permitirle descubrir hasta dónde quiere llegar y enseñarle que disfrutar, aprender, mantener la humildad y levantarse cuando algo no sale bien vale mucho más que cualquier trofeo.
Ashley todavía tiene muchos pasos por aprender y escenarios por descubrir. Si pudiera escoger, dice que algún día le gustaría bailar en grandes escenarios alrededor del mundo llevando consigo sus raíces cubanas. Por ahora, sigue haciendo lo mismo que comenzó espontáneamente a los dos años: escuchar la música y bailar.
Por Yanet KantAlma, El Kentubano (Edición 205, septiembre 2026)










