La pawpaw, el tesoro frutal escondido de Kentucky
El Kentubano, edición 199, marzo 2026
Cuando se habla de los tesoros naturales de Kentucky, suelen venir a la mente los extensos campos verdes, los caballos majestuosos o los paisajes montañosos de Appalachia. Sin embargo, entre los bosques húmedos y las riberas de ríos y arroyos, crece silenciosamente una joya poco conocida incluso para muchos residentes del estado: la pawpaw, una fruta autóctona que forma parte de la historia natural y cultural de la región.

La pawpaw (Asimina triloba) es considerada la fruta nativa más grande de Norteamérica. Su apariencia exterior es discreta: una piel verde, a veces moteada, que no llama demasiado la atención. Pero al abrirla, sorprende una pulpa cremosa y aromática, de color amarillo intenso, con un sabor que muchos describen como una mezcla entre banana, mango y vainilla. Es precisamente esta combinación exótica la que hace que resulte tan inesperada para una fruta que crece de manera silvestre en Kentucky.
Históricamente, la pawpaw fue un alimento importante para los pueblos indígenas del este de EEUU, quienes la recolectaban por su valor nutricional y energético. Más tarde, los colonos europeos también aprendieron a aprovecharla, incorporándola a su dieta durante los meses de cosecha. Incluso se dice que figuras históricas como George Washington disfrutaban de esta fruta, aunque con el paso del tiempo fue quedando relegada al olvido.
Una de las razones por las que la pawpaw no se popularizó comercialmente es su delicadeza. La fruta madura rápidamente y tiene una vida útil muy corta, lo que dificulta su transporte y venta a gran escala. Por ello, rara vez se encuentra en supermercados tradicionales. En cambio, aparece en mercados locales, ferias agrícolas, festivales regionales o directamente en caminatas por el bosque, donde quienes la conocen saben exactamente cuándo y dónde buscarla.
En Kentucky, la pawpaw crece de forma natural en zonas boscosas, especialmente cerca del agua. Los árboles suelen formar pequeños grupos, creando verdaderos “parches” de pawpaw que pasan desapercibidos para el ojo inexperto. Su recolección suele darse a finales del verano y comienzos del otoño, convirtiéndose en una tradición casi secreta para quienes aprecian los sabores locales y la conexión directa con la naturaleza.
Más allá de su sabor, esta fruta representa un símbolo de identidad regional. En un mundo dominado por productos importados y estandarizados, la pawpaw recuerda la importancia de lo autóctono, de aquello que pertenece genuinamente al lugar donde se produce. Por eso, en los últimos años ha resurgido el interés por ella entre chefs, agricultores y defensores de la alimentación sostenible, quienes la utilizan en postres, helados, panes y hasta cervezas artesanales.
La pawpaw también forma parte del imaginario cultural de Appalachia. Aparece en canciones tradicionales, relatos orales y memorias familiares transmitidas de generación en generación. Para muchos habitantes de Kentucky, probar una pawpaw no es solo una experiencia gastronómica, sino un viaje emocional a la infancia, a los paseos por el bosque y a una forma de vida más simple y conectada con la tierra.
Redescubrir la pawpaw es también una invitación a mirar Kentucky con otros ojos, a valorar lo que crece de manera natural y ha acompañado a sus habitantes por siglos. En tiempos donde lo auténtico vuelve a cobrar valor, esta fruta representa una conexión directa con la tierra, la historia y las tradiciones locales. Un tesoro discreto, pero profundamente nuestro, que merece ser contado, preservado y compartido.
Hoy, este tesoro frutal sigue creciendo en silencio, esperando ser descubierto. La pawpaw nos recuerda que Kentucky guarda riquezas que no siempre brillan a primera vista, pero que encierran una profunda historia natural, cultural y humana. A veces, los verdaderos tesoros no están en los escaparates, sino justo ahí, entre los árboles, formando parte viva de nuestro estado.
Por Yanet KantAlma, El Kentubano. Foto: gemini.google.com










