Rostros locales: Julio César Arredondo, un cantante que aprendió que el mejor escenario es la vida

El Kentubano, exaltando, reconociendo, y aplaudiendo las buenas obras y a los líderes de nuestra comunidad

Hay personas que descubren su pasión con el paso de los años. Otras, como Julio César Arredondo Castell, sienten desde muy pequeños que nacieron para hacer una sola cosa: cantar. Natural de Holguín, asegura que no recuerda un momento de su infancia en el que la música no estuviera presente.

Sus primeros pasos sobre un escenario llegaron siendo apenas un niño. Acompañado de una guitarra y con el apoyo incondicional de su tía Margaret, se presentó por primera vez frente a unas cuarenta personas en una plaza de su ciudad. Aquella actuación fue suficiente para confirmar que ese era el camino que quería recorrer.

Aunque agradece el apoyo recibido, Julio asegura que la primera persona que creyó realmente en su talento fue él mismo. Esa confianza, unida al respaldo de su familia, fue el impulso que necesitó para seguir preparándose y afrontar cada nueva oportunidad.

Con el paso de los años llegaron escenarios más grandes, nuevas experiencias y uno de los momentos que jamás olvidará: entrar por primera vez a un estudio de grabación profesional. Para muchos puede parecer algo cotidiano, pero para un artista representa la satisfacción de comprobar que el esfuerzo comienza a dar frutos y que los sueños pueden hacerse realidad.

Como ocurre en toda carrera artística, también ha vivido situaciones que hoy recuerda con humor. Confiesa que las letras de las canciones nunca han sido su punto fuerte y que más de una vez ha tenido que improvisar en plena presentación cuando la memoria le ha jugado una mala pasada. Afortunadamente, esa capacidad para reaccionar sobre la marcha le ha permitido salir adelante sin que el público apenas lo note.

Pero esa no ha sido la única anécdota curiosa. En una ocasión, durante un concierto en Cuba, un apagón dejó a toda la agrupación completamente a oscuras en medio del espectáculo. Sin embargo, la historia que más risas le provoca ocurrió durante unos carnavales, cuando invitó a una joven del público a bailar con él. Entre la música, el entusiasmo y las bromas, terminó quitándose la camisa por petición de la muchacha.

Emigrar a EEUU representó otro gran desafío. Más allá de adaptarse a un nuevo país, lo más difícil fue dejar atrás a una parte muy importante de su familia, especialmente a su hijo menor, que apenas tenía seis años. Esa ha sido, asegura, la prueba más dura que le ha tocado enfrentar.

También reconoce que conquistar al público estadounidense no ha sido sencillo. Se trata de un público diferente, con otras costumbres y expectativas, que lo ha obligado a crecer como artista y a perfeccionar constantemente su forma de conectar con las personas.

Hoy continúa presentándose en restaurantes y eventos privados, convencido de que un cantante nunca termina de formarse. Para él, la escuela enseña técnica vocal, teoría musical y cuidado de la voz, pero el verdadero aprendizaje sucede sobre la tarima. Es allí donde se aprende a leer al público, improvisar, dominar el escenario y convertir cada presentación en una experiencia única.

La historia de Julio César demuestra que el talento abre puertas, pero es la confianza en uno mismo, la perseverancia y la pasión por lo que se hace lo que mantiene vivo el sueño de cualquier artista.

Quienes deseen seguir su trabajo o contratar sus presentaciones pueden encontrarlo en Facebook como Julio César Arredondo Castell, en Instagram como @Jc.topmusic y en TikTok como @Soy_Jcastell.

Por Yanet KantAlma, El Kentubano (Edición 205, septiembre 2026)

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