Rostros locales: Brian Peraza, rendirse nunca fue una opción

El Kentubano, exaltando y aplaudiendo las buenas obras y a los líderes de nuestra comunidad

Brian Arael Peraza Sosa salió de Cuba con apenas tres años y llegó a EEUU a los seis, después de vivir un tiempo en España. Adaptarse no fue fácil, pero entre estudios, libros y videojuegos comenzó a construir su propio camino. Años después, una curiosidad nacida durante la escuela preuniversitaria (high school) despertó su interés por la vida militar. Lo que comenzó como una idea terminó convirtiéndose en una meta que le exigiría perseverancia, disciplina y superar sus propias inseguridades hasta convertirse en soldado del Ejército de EEUU.

¿Cómo reaccionó tu familia ante tu decisión y qué tuviste que superar para conseguirlo?

Al principio fue difícil. Mi mamá ni siquiera quería que hablara con un reclutador. Primero quería ser médico de combate y la palabra “combate” la preocupaba muchísimo. Finalmente elegí ser Especialista en Asuntos Religiosos y mis padres entendieron que realmente era algo que quería hacer. Además, tuve que luchar desde 2023 para ser aceptado debido a problemas de visión. Finalmente me alisté en la Guardia Nacional el 23 de diciembre.

¿Qué fue lo más difícil del entrenamiento y alguna vez pensaste en rendirte?

Hubo momentos en los que me sentí débil, fuera de lugar y pensé que rendirme sería mucho más fácil. No había tenido una preparación física formal antes de comenzar, aunque recibí mucho apoyo de mis profesores de Bellarmine y del programa de preparación de la Guardia Nacional. Nunca pensé que fuera imposible terminar. Aprendí a seguir adelante incluso cuando sentía que no podía.

¿Qué fue lo que más te sorprendió de la vida militar?

Los vínculos que se crean. Convives con personas que terminan convirtiéndose en hermanos y después cada uno debe continuar su camino. Recuerdo despedirme de mi sargento instructor antes de partir al entrenamiento avanzado. Quería preguntarle si estaba orgulloso de mí y si alguna vez pensó que no lo lograría, pero simplemente estreché su mano, subí al autobús y me fui.

¿Cómo viviste tu graduación y qué cambió en ti después de todo el proceso?

Me sentí completamente diferente. Por primera vez me sentía adulto, soldado y alguien de quien mi familia podía estar orgullosa. Antes pensaba que era débil y que no podía enfrentar cosas difíciles. El entrenamiento me enseñó que puedo sentir miedo o inseguridad y aun así continuar.

¿Qué significa para ti haber alcanzado este logro después de haber llegado tan pequeño a EEUU?

Me demuestra que, si yo pude, otros también pueden. No me considero el más fuerte, el más inteligente ni el mejor en todo. Simplemente seguí intentándolo, aprendiendo y avanzando.

¿Qué viene ahora para ti?

Estoy por comenzar en mi primer destino como Especialista en Asuntos Religiosos. Trabajaré junto a un capellán brindando apoyo a los soldados de nuestra unidad. Espero formar un buen equipo y, sobre todo, hacer un trabajo del que mi familia y las personas que han formado parte de este camino puedan sentirse orgullosas.

Por Yanet KantAlma, El Kentubano (Edición 206, octubre 2026)

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