Editorial: 250 Años de libertad. Nuestra gratitud y compromiso como inmigrantes
Redacción El Kentubano (Edición 203, julio 2026)

Este mes los Estados Unidos de América celebran un hito verdaderamente extraordinario: el 250 aniversario de su Independencia. Ha transcurrido exactamente un cuarto de milenio desde que un grupo de valientes decidió forjar una nación basada en la premisa inalienable del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Para todos los ciudadanos es una fecha de inmenso júbilo nacional; sin embargo, para nosotros los inmigrantes, esta magna celebración adquiere una dimensión aún más profunda, personal y emocional.
Desde las páginas de esta publicación, que mes a mes busca fortalecer el tejido de nuestra comunidad y ser una voz para nuestros lectores, queremos reflexionar sobre lo que significa esta fecha para quienes nacimos en otras latitudes. Llegar a esta gran nación rara vez es un mero capricho; es, en la vasta mayoría de los casos, una dolorosa necesidad. Muchos de nosotros fuimos empujados a dejar atrás nuestros países de origen, despidiéndonos con el corazón roto de nuestras familias, nuestras costumbres y los hogares que nos vieron crecer. Huimos de la opresión, de la asfixia económica, de la falta de oportunidades y de la desesperanza.
En medio de ese éxodo vital, EEUU nos abrió generosamente sus puertas, brindándonos el refugio seguro y el lienzo en blanco que tanto anhelábamos.
Este mes, al conmemorar estos 250 años de historia y excepcionalismo americano, nuestro sentimiento predominante es una inmensa gratitud. Agradecemos a este país por permitirnos disfrutar de libertades civiles y de oportunidades de progreso que en nuestras tierras natales eran solo un espejismo inalcanzable. Aquí encontramos el terreno fértil para prosperar, para construir un patrimonio y para educar a las futuras generaciones sin el temor a la persecución.
Pero sabemos que la gratitud genuina exige reciprocidad y lealtad. Como ciudadanos y residentes por elección de esta nación, asumimos con profunda convicción la responsabilidad de proteger su legado. Nuestro compromiso es firme e innegociable con la defensa de los pilares que hicieron grande a este país: la fe en Dios, que guía nuestra brújula moral; la inquebrantable defensa de la libertad individual; el sistema de libre empresa capitalista, que premia el mérito, la innovación y el trabajo duro frente a las doctrinas de dependencia que dejamos atrás; y, por supuesto, un absoluto respeto a la ley y al orden, garantías fundamentales de la civilización y la paz social.
Nosotros no damos la libertad por sentada, porque vivimos en carne propia lo que significa no tenerla. Por ello, al ver ondear majestuosamente la bandera en este histórico 4 de julio, renovamos nuestros votos con la tierra que nos adoptó. Celebremos con orgullo este 250 aniversario, honremos el sacrificio de los fundadores y sigamos contribuyendo al engrandecimiento de nuestra patria adoptiva.
¡Que Dios bendiga siempre a los EEUU de América!










