Rostros locales: Jorge Félix Paredes, firmeza, servicio y humanidad detrás del uniforme
El Kentubano, exaltando, reconociendo, y aplaudiendo las buenas obras y a los líderes de nuestra comunidad
Cuando Jorge Félix Paredes llegó a EEUU en 2004 tenía apenas diez años. Había dejado atrás Holguín, Cuba, sin imaginar que años después encontraría en este país la oportunidad de cumplir una aspiración que lo acompañaba desde pequeño: trabajar al servicio de la comunidad y proteger a quienes lo necesitaran.

Aunque durante su camino exploró diferentes profesiones, la idea de dedicarse a una carrera relacionada con la seguridad y el cumplimiento de la ley nunca desapareció. Con el tiempo decidió prepararse profesionalmente hasta convertir aquella inquietud de infancia en su trabajo.
Actualmente forma parte de la unidad HIP, encargada de supervisar a personas que se encuentran bajo un programa de arresto domiciliario. Su responsabilidad es comprobar que quienes llevan dispositivos de monitoreo electrónico —conocidos popularmente como “grilletes”— cumplan las órdenes establecidas por la corte mientras esperan una próxima audiencia o sentencia.
Detrás de esa responsabilidad, sin embargo, Jorge ha descubierto una parte de su profesión que pocas personas conocen. Su trabajo también le permite observar de cerca historias de recuperación y segundas oportunidades. Entre las mayores satisfacciones que ha encontrado está ver a personas que perdieron mucho a consecuencia de las adicciones comenzar a reconstruir sus vidas y recuperar poco a poco sus relaciones familiares.
Ese contacto diario con realidades tan diferentes también le ha enseñado una de las lecciones más importantes de su carrera: escuchar.
Para alguien que debe relacionarse constantemente con personas en circunstancias complejas, aprender a tener paciencia y comprender que cada individuo tiene una historia diferente se ha convertido en una herramienta tan importante como cualquier otra de su profesión. Jorge considera que la honestidad y la compasión son dos cualidades indispensables para realizar este trabajo.
También rechaza la idea de que llevar una placa o tener autoridad para efectuar un arresto coloque a alguien por encima de los demás. Para él, el uniforme representa una responsabilidad, no un privilegio.

“Todos somos iguales”, sostiene, consciente además de que se trata de una profesión que implica riesgos y decisiones difíciles.
Su experiencia le ha mostrado las dos caras de una realidad que pocas personas conocen desde tan cerca. Ha visto a quienes aprovechan una nueva oportunidad para cambiar y también situaciones que le han hecho comprender la gravedad de determinados delitos y el daño que una persona puede causar a otra. Cada jornada, asegura, trae consigo una nueva enseñanza.
Quizás por eso una de sus reglas personales es sencilla: ser la misma persona con uniforme o sin él. Mantener sus valores independientemente del lugar, la situación o la autoridad que represente es la manera que ha encontrado de equilibrar la firmeza necesaria para hacer cumplir las reglas con el lado humano de su profesión.
Ese aprendizaje tampoco termina cuando concluye su jornada laboral. Jorge reconoce que lo vivido diariamente ha influido en su manera de asumir otros roles de su vida. Las experiencias acumuladas lo han llevado a intentar ser cada día un mejor hombre, un mejor padre y, sobre todo, un mejor ser humano.
Su historia también refleja el recorrido de aquel niño que llegó de Holguín con apenas diez años y que encontró en EEUU la posibilidad de construir su propio camino. Para quienes consideran seguir una profesión similar, su mensaje es sencillo: intentarlo. Cree que cuando existe verdadera determinación es posible alcanzar objetivos que alguna vez parecieron lejanos.
Porque para Jorge Félix Paredes, detrás de una placa hay autoridad y responsabilidad, pero nunca debería desaparecer algo mucho más elemental: la capacidad de seguir viendo al ser humano que existe al otro lado.
Por Yanet KantAlma, El Kentubano (Edición 2026, septiembre 2026)










