Consejos del profesor Mesa: La convivencia

En todas las épocas la comunicación o convivencia familiar siempre ha sido una cajita de sorpresas ya que siempre aparecen diferencias cuando dos o más personas no comparten las mismas ideas, intereses, necesidades o valores. Esta situación se hace más latente cuando uno emigra a un país donde hay nuevas normas de convivencia, como, por ejemplo: la manera de colaborar en el hogar, cuando imponer las ideas a otros, como repartir el pago de las cuentas entre todos, el sistema de reglas a cumplir en la casa y en la escuela, etc. Todo esto puede dificultar el entendimiento y crear enojo, molestia o resentimiento y por lo tanto originar algún conflicto. Otras diferencias pueden surgir por la falta de afecto, de respeto y de reconocimiento entre unos y otros, por ejemplo: cuando utilizamos objetos que no nos pertenecen, cuando no cumplimos con nuestras responsabilidades en el hogar, cuando mentimos o engañamos a alguna persona, cuando no somos ejemplos, cuando no imponemos las reglas que deben seguir nuestros hijos, cuando no respetamos sus derechos, cuando los complacemos en todo, cuando estamos en casa de un familiar y no respetamos sus costumbres o reglas, etc. Todas estas diferencias conllevan a que aparezcan diferentes formas de ver la misma situación y que cada parte tenga sus propios puntos de vista. O sea, aparece el conflicto familiar y si este no se resuelve en tiempo y forma, puede llevar a la ruptura de los lazos familiares, de pareja y generar situaciones violentas entre todos los que viven en el mismo hogar. Hay familias que viven conflictos que duran mucho tiempo, otras en que sus conflictos son diferentes pero constantes y que al no solucionarse lesionan el afecto, la confianza y la relación entre sus integrantes, sean familiares o no.

Por otro lado, hay otras familias que resuelven estos conflictos a través de la comunicación y el diálogo, sin dañar el aprecio y cariño que se tienen, se dicen todo de forma civilizada y sin ofensas. Aprenden a resolver los conflictos de manera no violenta y participan conjuntamente en la solución de estas situaciones difíciles. Evitan la violencia en las relaciones diarias y crean un ambiente de confianza y seguridad.

Es importante reconocer cuál es el verdadero conflicto que hay en nuestra familia y tratar de comprender por qué y cómo surge. Reconocer y aceptar nos ayudará a proponer soluciones y en ocasiones, a ceder a lo que los demás desean, siempre y cuando no se pase por encima de nuestras necesidades, valores, costumbres y derechos.

Todos podemos ayudar a que el conflicto familiar se solucione y no cause daño, si practicamos:

  • Comunicar a los demás nuestras ideas.
  • Escuchar atentamente lo que piensan y opinan los otros.
  • Acordar cómo resolver los conflictos.

De esta manera fortalecemos el respeto mutuo y el afecto que es la base de la convivencia familiar. Ahora, por no saber o temer a empeorar la convivencia, algunas personas no buscan la solución de los conflictos familiares. He aquí donde se hace un verdadero nudo en la convivencia: Si no resolvemos los conflictos a tiempo ya que se deteriora el aprecio y el respeto que es tan necesario en la convivencia familiar. Por experiencia sé que los conflictos familiares de convivencia pueden ser sencillos (se resuelven a través de conversaciones civilizadas si todos ponen de su parte) o difíciles (aunque parece que no tienen solución, si la tienen). Ante este último tipo de conflicto no es fácil encontrar soluciones, pero se puede lograr solo si tratamos de mantener el respeto y la comunicación entre los integrantes. Cada parte tiene que ponerse en el lugar que le corresponde, si eres el que está de paso tienes que respetar y cumplir las reglas que están establecidas de a priori. O sea que, aunque todos tengamos los mismos derechos y nadie valga más que los otros, es importante no agredir ni física, ni verbalmente a nadie. Si después de todo esto persisten los problemas en la convivencia, solo queda, antes de deteriorar una amistad o los lazos familiares, que quien llegó de último se retire de la escena y resuelva vivir bajo sus propias reglas en otro lado. Este tema es bien actual y pasa mucho en familias o amistades que emigran y tienen que vivir por un tiempo bajo el mismo techo y no son lo suficientemente flexibles para darle una solución a la convivencia familiar.

Por último, veremos algunos consejos que nos pueden servir para mejorar la convivencia familiar:

•   Hablar, comunicarnos: La base de todo entendimiento está en la comunicación y los problemas que no se hablan, no se resuelven. Recuerde que, si se dejan ahí, sin resolver, suelen acumularse y causar grandes conflictos más adelante. Si se tiene un problema hay que compartirlo, sobre todo si es un problema estrictamente familiar, para buscar soluciones. Pero cuidado, esto no quiere decir que invadamos la privacidad de alguien.

•   Establecer momentos de convivencia: A veces los horarios laborales son complicados y dificultan los momentos en común, pero hay que buscar siempre la manera de encontrarlos. No solamente en horarios de comida, sino también para hacer actividades, ver una película, escuchar música, bailar, hacer ejercicio, etc.

•   Respetar la intimidad: Tan importante como buscar momentos de convivencia es saber respetar la intimidad de cada miembro de la familia. Una de las cuestiones que más conflictos causa es la de no dejar que cada persona tenga su espacio privado y su propia manera de hacer las cosas. Una vez que se establecen unas pautas generales cada cual debe tener la libertad de hacerlas a su manera. También hay que respetar que alguno tenga momentos o días de más necesidad de aislamiento.

•   Repartir las tareas: Llevar una familia implica numerosas tareas que todos ya pueden aprender, según la edad y disponibilidad. Imagínese si, temporalmente, aceptamos invitados en casa por largos periodos.  Definitivamente hay que involucrar a todos, incluyendo los pequeños también.

•   Saber disculparse: ¡Cuánto nos cuesta disculparnos! Incluso a sabiendas que nos equivocamos. Esto es algo imprescindible para una convivencia sana. Dice el refrán que equivocarse es humano, pero que rectificar es de sabios. El que se disculpa se quita un peso de encima.

•   Evitar las discusiones: Aunque siempre surgen problemas, una cosa es hablar para intentar resolverlos y otra muy distinta es discutir. Desde luego ya no nos referimos a discusiones a gritos, las cuales son muy dañinas para la convivencia. Si notamos que estamos nerviosos nos tomamos un rato hasta que notemos que nos relajamos, y entonces encaramos el problema. Las cosas nunca se ven tan terribles al día siguiente. 

•   No faltar nunca el respeto: El respeto es fundamental en todas las familias, sobre todo a las personas mayores y a los padres, pero de hecho entre todos debe haber un respeto. Y el respeto se enseña con el ejemplo. No se puede pedir respeto a los hijos si entre el padre y la madre se está faltando continuamente. Aunque haya enfados o discusiones, la falta de respeto no se debe permitir nunca.

Por Braulio Mesa, ESL Newcomer Academy/ (502) 485-6324; braulio.mesa@jefferson.kyschools.us  

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