Impuestos para los ricos: cuando la envidia se interpone a la economía

El presidente Joe Biden aprovechó un mensaje triunfante: gravar a los ricos (*tax the rich). Tuitea incesantemente: “Las grandes corporaciones y los súper ricos tienen que empezar a pagar su parte justa de impuestos. Hace tiempo que deberían haberlo hecho”,y afirma que su programa “Build Back Better” (Reconstruir mejor) “se pagará si los ricos pagan su parte justa”.

En lugar de destacar los escasos beneficios de su Ley *Build Back Better, (H.R. 5376) su posicionamiento público consiste en perjudicar a un grupo en particular. ¿Por qué? Este mensaje se vende entre tres grupos claves con los que cuenta para presionar al Congreso para que los favorezca:

  • Los jóvenes de la generación de *Millenials y de la generación Z, que creen que los superricos no deberían existir.
  • Los trabajadores ricos que creen que gravarse a sí mismos es una solución a la pobreza y una fuente de crecimiento económico.
  • Las élites gobernantes que quieren acumular más control gubernamental ampliando la clase dependiente.

Los *millennials más jóvenes y la generación Z: ser rico es intrínsecamente malo.

Una reciente encuesta de investigación de *PEW reveló que la mitad de los adultos menores de 30 años creen que los multimillonarios son malos para Estados Unidos. Un *Millennial autoproclamado “anticapitalista” y dueño de un fondo fiduciario lo resumió así: “Quiero construir un mundo donde alguien como yo, un joven que controle decenas de millones de dólares, sea imposible”. En consecuencia, la riqueza proviene de la explotación. Regalar su dinero (o dárselo a Washington para que lo redistribuya en un plan de justicia social) es hacer “reparaciones”.

Usando esta lógica, al difunto Steve Jobs se le debería haber prohibido ganar cantidades ridículas de riqueza. Sin embargo, gracias a su ingenio, se han creado millones de puestos de trabajo, se ha inspirado a los jóvenes y se ha puesto a su disposición parte de la mejor tecnología. Al igual que Jobs, los que ganan sus miles de millones a través de la innovación (y experimentan muchos fracasos en su búsqueda y con su propio dinero) lo reinvierten en la economía de maneras que el gobierno no podría. Además, sus ganancias son el resultado de lo que otros estaban dispuestos a pagarles.

Los trabajadores ricos: somos personas morales

Una carta de 2019 redactada por más de una docena de los estadounidenses más ricos -entre ellos George Soros, la heredera Abigail Disney y Molly Munger, hija del vicepresidente de *Berkshire Hathaway, Charlie Munger- afirmaba que “es nuestro deber dar un paso adelante y apoyar un impuesto sobre la riqueza que nos grave”. Creen que Estados Unidos “tiene la responsabilidad moral, ética y económica de gravar más nuestra riqueza”. Los aliados de Biden en la izquierda comparten esta opinión.

Una “transferencia de riqueza” mediante impuestos a los ricos no es más que un robo legal. El gobierno no es, ni puede ser, altruista. El gobierno no tiene nada que dar que no haya tomado de otro por la fuerza. Con pocas excepciones, este tipo de ayuda erosionará la autosuficiencia y el incentivo moral de la acción caritativa, lo que conducirá a un mayor gasto gubernamental.

Desigualdades, envidia y pobreza - El Quinto Poder

Se ignora que el libre mercado ha hecho más por romper el ciclo de la pobreza que cualquier programa gubernamental, ya que capacita a las personas y repara las partes no financieras y relacionales de la sociedad.

Los ricos podrían hacer un mejor uso de su dinero donando directamente a causas benéficas eficaces, invirtiendo en las comunidades locales o invirtiendo en la expansión de sus negocios para servir a más consumidores y crear más puestos de trabajo. Además, nada le impide a los multimillonarios donar su riqueza directamente al gobierno de Estados Unidos. Si realmente creen que es su “responsabilidad moral, ética y económica”, no hay necesidad de esperar.

Las élites gobernantes: Nos gusta tener el control

Dicen que se trata de justicia social o económica, pero el mensaje del presidente Biden es un *déjà vu de los llamados de la época de Obama para redistribuir la riqueza, o los elogios marxistas de la redistribución como forma de justicia económica. La creciente popularidad de los impuestos a los ricos facilita el trabajo de las élites gubernamentales. El presidente Biden incluso se dedica a tuitear mensajes vergonzosos como: “Los de arriba llevan demasiado tiempo disfrutando a costa de la clase media”. Pero la verdadera razón de los burócratas para gravar a los ricos es la de arrebatarle a los individuos su derecho a la responsabilidad personal, un movimiento hacia un sistema centralizado que desinfla las opciones personales y viola los derechos personales

En conjunto, estas ideas desgraciadamente resuenan más allá de los jóvenes de la generación de *millennials y de la generación Z, de los trabajadores ricos y de las élites gobernantes. Subirse al carro de los “impuestos a los ricos” sienta bien porque, de todos modos, ¿por qué los ricos deberían tener tanto dinero?

La envidia impregna esta ideología. Sin embargo, la economía supera a la envidia.

La carga fiscal real no recaerá en la gente que firma cheques para el Tesoro de Estados Unidos. Los ricos, en su mayoría, seguirán siendo ricos. Es la clase media y trabajadora la que pagará caro cuando los individuos de altos ingresos respondan a la subida de impuestos simplemente invirtiendo menos, lo que resultará en menos oportunidades de trabajo y en salarios más bajos.

Los propietarios de pequeñas empresas serán los que tendrán que arreglárselas. Puede que el presidente Biden los considere ricos, pero gravar más a estas personas diezmará las comunidades, ya que se perderán o no serán creados nuevos puestos de trabajo y se reducirán los salarios y las horas laborales.

No hay duda de que gravar a los ricos es popular. El problema es que también es imprudente.

Fuente: Paige Terryberry, fee.org.es