Locales: Pepito y Consuelo Ávila, humanidad, sencillez y amor al prójimo

Pepito y Consuelo Ávila, humanidad, sencillez y amor al prójimoPepe Avila

Por Yany Díaz, El Kentubano (con la colaboración especial de Miladys Nápoles y Mario Pantoja- Edición 113, diciembre 2018)

“Llegué a Louisville hace muchos años ya, vine sola con mi hija pequeña en los brazos, sin familia y sin conocer a nadie. Recuerdo que un día la trabajadora social de la iglesia me trajo un paquete de culeros para mi niña, y yo que no tenía nada, quise abrazarla, porque era como maná caído del cielo y ella me dijo: “no me des las gracias a mí, esto lo trajo una señora, la señora Consuelo Vila”. No dudé en llamarla para darle las gracias y aquella señora, me dijo que tenía que sentarse, porque era la primera vez que alguien le daba las gracias… De esa manera llegaron a mi vida dos personas que no solo se convirtieron en mi familia sino en un ejemplo para mí.” Miladys Nápoles puede pasarse horas hablando de los hermanos Vila, de Pepito y Consuelo.

Lo mismo sucede con Mario Pantoja: “Pepito es alguien de la familia, hablarte sobre él, es contarte cientos de historias de cubanos que han llegado a este país y en especial la de mi madre, a quien ayudaron a operar de cataratas y a la que aun hoy ayudan. No hay palabras para expresar ese agradecimiento perpetuo ni esa admiración que me ha inspirado a hacer algo noble y desinteresado por los demás, como lo ha hecho por muchos años ese señor.”Consuelo Vila I

No me canso de escucharlos y en sus palabras descifro que la historia y la impronta de los cubanos en Louisville merece ser contada por quienes ayudaron a cimentar una comunidad, y de quien hoy, a pesar de su edad lo continúa haciendo.

Cuentan que Don José “Pepito” Vila y Consuelo Vila llegaron a este país y se asentaron en esta ciudad en 1972. Con una trayectoria profesional amplia, Pepito, ingeniero de profesión unió sus fuerzas a las de su hermana para ayudar a cada persona que se encontraban a su paso. Son decenas las anécdotas que humildemente escuché y que no podían más que provocarme la admiración, desde ayudar a construir casas, preparar despensas, ayudar a comprar autos hasta prestar dinero para la compra de casas, ¡todo ello sin esperar la devolución!

Compraba en las ventas de garaje los artículos rotos como camitas, muebles, etc., y luego los reparaban, y en su camión los llevaba a las personas necesitadas. No importaban las naciones si ante los ojos de Dios todos somos iguales. No eran ricos en bienes, pero sí de alma.

Cuando llegaban los recién llegados, Pepito los recogía, los llamaba “mis clientes”. “No son tus clientes, le reprochaban”, a lo que el respondía que solo la satisfacción de hacer el bien era más que suficiente. Cuando llegaban solo le preguntaban la talla, cuantos eran, para luego aparecerse con ropa y calzado, todos comprados de su bolsillo.

Consuelo falleció en el año 2005, pero el legado de sus buenas acciones continúa en aquellos que ayudó, como lo hace aún hoy su hermano Pepito, dos personas maravillosas, ejemplos de altruismo, humanidad y dedicación y en una especie de salvadores de cada emigrado que llegaba a este país con los pies descalzos y a los que brindaron ayuda.

¡Gracias infinitas a los hermanos Ávila! Detrás de la gran comunidad que hoy día existe en Louisville, los nombres de Consuelo y Pepito Ávila se llevan en miles de corazones agradecidos…Mario Pantoja y Pepito AvilaMiladys Nápoles y Pepito Avila