La opinión escrita: Dos enfoques sobre el embargo

Fin del embargo: La cuestión en la que los cubano-americanos pueden marcar la mayor diferencia

Por Arturo López-Levy. Profesor asistente del Gustavus Adolphus College en Minnesota. Tiene un doctorado en Estudios Internacionales por la Universidad de Denver y maestrías en Asuntos Internacionales (Columbia University-NYC) y Carleton University (Canada).   

(El Kentubano, edición 113, diciembre 2018)

Banderas

El restablecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU el 17 de diciembre de 2014 marcó el inicio del fin de una política fracasada por más de cincuenta años. En Estados Unidos, el apoyo a la acción del presidente Obama es mayoritario tanto entre demócratas como republicanos, abarcando a sectores de derecha, izquierda y centro, así como a la comunidad cubano-americana. El apoyo a una normalización de relaciones con Cuba también es abrumador en todas las regiones del país, tanto en las costas, generalmente a favor del partido demócrata, como en las zonas interiores del país, baluartes del partido republicano.

Por cinco décadas, Washington dijo querer promover los derechos humanos en la isla a través de sanciones. Esa no es la apreciación de las principales organizaciones de derechos humanos, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. En varios informes, esas voces, las más reconocidas en derechos humanos a nivel mundial, han refrendado que las sanciones unilaterales contra Cuba son no solo inmorales, pues atacan a la población civil, e ilegales, por contradecir principios elementales del derecho internacional sobre reglas para sanciones, sino también contraproducentes a los derechos humanos que proclaman promover.

Veintisiete resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas ratifican esa opinión. Este octubre, la Administración Trump trató de dar al embargo/bloqueo el barniz de ser motivada por preocupaciones de derechos humanos. La embajadora Niki Halley intentó colar nueve enmiendas conectando las sanciones con motivos de derechos humanos y desarrollo sostenible. Varios países que se opusieron o se abstuvieron en el voto en que todas esas enmiendas fueron derrotadas, fueron claros. Aunque consideraban pertinente una conversación sobre los derechos humanos en Cuba, no transigirían en el motivo de la resolución con pretextos: Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba”.  Al decir de la comisionada Federica Mogherini, “Europa cree en el intercambio, y va a seguir promoviéndolo, independiente de lo que otros consideren en su política hacia Cuba”. Si eso ocurre con los aliados, se impone preguntar a los partidarios del embargo, ¿Que parte de la palabra “No” no entienden?

La votación final en la ONU fue la esperada. A favor de la resolución “, ciento ochenta y nueve estados. En contra, dos, Estados Unidos e Israel. Es de notar que Israel tiene inversiones de sus ciudadanos en Cuba, y que la isla es uno de los destinos turísticos más importantes para viajeros israelíes en América Latina. Israel por principio se opone a las sanciones comerciales, y las políticas de aislamiento, pues las ha sufrido, en temas como el intercambio académico y cultural, o incluso la participación en la Cruz Roja internacional. No se trata de un apoyo de Israel al bloqueo/embargo, sino de solidaridad con Washington, que ha sido el aliado más estable de Israel en las organizaciones internacionales.

Los defensores en la comunidad cubano-americana del embargo/bloqueo lejos de agradecer a la gran nación que los acogió como inmigrantes, imponen a Estados Unidos un costo en asuntos internacionales. Varios sectores de la sociedad norteamericana han descrito la postura pro-embargo como “antinorteamericana”, en sus efectos y por el abandono de valores que han sido preciados en la historia estadounidense a derecha e izquierda del espectro político, como son los derechos individuales.

Uno de los argumentos más usados contra el embargo/bloqueo viene de una lectura libertaria del pensamiento de los padres fundadores. Se propone un estado mínimo y derechos naturales, cuya protección es el propósito fundamental del gobierno.  Desde la administración de Lyndon Johnson, el fiscal general Robert Kennedy alertó que la prohibición de viajar a Cuba contradecía desde sus esencias las nociones fundacionales estadounidenses referidas al derecho de viajar. Su hermano, el asesinado presidente John F. Kennedy había dicho frente al muro de Berlín, que Estados Unidos tenía sus defectos pero que no encerraba a sus ciudadanos tras un muro, impidiéndoles viajar a donde quisieran. Explicaba que la libertad de viajar y educarse era mejor que un partido-estado diciéndole a sus ciudadanos lo que deberían hacer o pensar.

La postura libertaria existe también en el partido republicano. Los senadores Jeff Flake (R-Arizona) y Rand Paul (R-Kentucky) han aclarado que no es el gobierno sino los ciudadanos estadounidenses los que deben decidir si viajan a Cuba. “Si alguien limita la libertad de los norteamericanos que sean los comunistas, pero no mi gobierno”- ha dicho Jeff Flake. Ron Paul, ex congresista y padre del senador de Kentucky, ha dicho que las sanciones contra los empresarios y agricultores de EEUU en el comercio con Cuba son otro caso del “estado niñera”: el gobierno norteamericano asume decisiones por sus ciudadanos adultos para supuestamente protegerlos de sí mismos y termina limitando sus oportunidades.

El asunto es peor con los programas de supuesta promoción de la democracia. El gobierno malgasta nuestros impuestos en promover agendas específicas de supuestos activistas, donde no han faltado casos de corrupción, o incluso ataques antisemitas en Radio/TV Martí contra ciudadanos estadounidenses como el empresario George Soros por discrepar de la agenda del gusto de los que controlan esos recursos.

Un líder sin seguidores no es líder. Esa condena mundial a Estados Unidos es un autogol. Washington se debe una política coherente con sus valores democráticos, de crítica a Cuba, donde hay problemas de derechos humanos, que a la vez sea racional. El colmo de la contradicción fue en 2004, cuando enarbolando pretextos de derechos humanos, el mismo grupo de cubanos, hoy afiliado al presidente Trump, limitó los viajes familiares a Cuba.

Hoy los mismos actores ensayan nuevas tretas. En las vísperas de la elección de medio término, el consejero de seguridad nacional John Bolton fue a Miami a pedir votos a favor de los candidatos republicanos explicando las nuevas sanciones que Trump tomaría contra Cuba. Se trató de un referéndum que Bolton y Trump perdieron. Dos de los tres asientos republicanos en manos de cubano-americanos cambiaron a representantes demócratas en el sur de la Florida.

Más allá de las diferencias sobre lo que cada quien piense sobre el gobierno en la Habana, la política de EE. UU hacia Cuba es la cuestión, en la que los cubanos que viven en EEUU pueden marcar hoy la mayor diferencia. Es hora de escuchar su opción por el dialogo y el intercambio.

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La prioridad: Eliminar el embargo interno

Por Juan José García, Washington DC

(El Kentubano, edición 113, diciembre 2018)

Cartel

Algunos aún insisten en desconocer la realidad política de Cuba, señalando que Raúl Castro había “entregado el poder a Miguel Díaz-Canel”, cuando lo cierto es que el general Castro es el Primer Secretario del Partido Comunista (hasta el 2021), “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”. (Capítulo 1, Artículo 5, de la constitución actual).

El sistema de gobierno en Cuba es totalitario, con los militares y el Partido al frente del proceso de sucesión dinástica. En 60 años, poco ha cambiado. Aunque cambios en la propiedad privada, la libertad individual y la economía de mercado siguen estando prohibidos, atacadas y apagadas en la Cuba comunista

El presidente Obama abrió las puertas a la normalización de relaciones económicas y diplomáticas con una visita cumbre al país e importante en todos los sentidos especialmente para la economía y el bienestar de nuestro pueblo. Miles de empresas poderosas norteamericanas se lanzaron al empeño de trabajar en Cuba, mejorar su infraestructura y crear empleos. Al Obama partir de Cuba, fue severamente criticado por la prensa unipartidista de la Isla, especialmente por el artículo “El Hermano Obama” escrito por Fidel Castro, en el cual su editorial comienza diciendo “No necesitamos que el imperio nos regale nada…”. Fin del cuento.

La realidad

– El Parlamento cubano es una farsa; la economía es un desastre y las elecciones son una elaborada mentira.

  • Los cubanos viven en un ambiente tóxico de permanentes mentiras.
  • Los militares controlan la mayor parte de la economía, a través del “Grupo de Administración Empresarial” (GAESA), que incluye varias operaciones secretas ilegales. El presidente de GAESA es el general de brigadas Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro. Su prioridad es ocultar el fracaso de la revolución y a la vez aumentar el capital de la familia. Controlando las industrias que más divisas reportan como el turismo.

– Cuba es un país de engaños. La mentira es tan penetrante y masiva que la gente ya no se da cuenta de la falsificación de la verdad y sólo aquellos con acceso al mundo exterior pueden ver más allá de los que se les presenta, pero no pueden hacer nada solo soñar con un día escapar como hicimos todos nosotros.

Esta premisa nos hace recordar el proverbio que señala: “si entiendes las cosas son así. Si no las entiendes son así”. Enfrentar las cosas como son es el difícil reto de los cubanos en la Cuba de la doble moral, el miedo, la miseria y la mentira.

Como dice el artículo que inspiró este comentario “¿Si mañana se acabara el embargo que exportaría Cuba?”. Estas son las perspectivas económicas para el 2019 y el futuro

  • La devastadora destrucción del huracán Irma en el 2017 en la esencia de la infraestructura nacional.
  • La debacle venezolana que ha reducido más del 65% de la exportación de petróleo y miles de millones de dólares en ingresos que Venezuela le paga a Cuba por el servicio médico (el subsidio de salud).
  • La disminución de la producción y el precio del níquel.
  • La reducción de la producción de azúcar. La más baja en más de un siglo con 1.1 millones de toneladas de azúcar. (La de 1984 fue de 1.3 millones de toneladas)
  • La disminución del turismo norteamericano, de los inversores, el impacto negativo de una doble moneda y la relación disfuncional entre salarios y productividad.
  • El fracaso de la Zona Económica Especial de Mariel. De los 400 proyectos de inversión originales en Mariel, solo 35 permanecen activos y 10 son realmente operativos.
  • La elevada dependencia en la importación de alimentos debido a la nefasta política agraria, y a los bajos niveles de eficiencia y productividad en esa área.

Aunque se plantea que ha habido un crecimiento económico del 1.1% esto es cuestionable. En este momento el país atraviesa una tensa situación financiera y profunda falta de liquidez, lo que ha retrasado el pago a un grupo importante de proveedores de materias primas y productos.

Estoy en completo desacuerdo con el bloqueo económico a cualquier nación, pero a la vez estoy en completo desacuerdo con el bloqueo económico, político y la libertad de expresión a cualquier nación, que, como la nuestra, necesita que los cambios también comiencen desde adentro hacia afuera, y de esa manera poder construir una sociedad más justa, en donde todas las ideas- aunque diferentes- tengan un espacio en el acontecer político y económico nacional.

Cuba tiene que dejar la bulla y el alboroto y ponerse a trabajar en unificar criterios, escuchar las críticas de adentro, de afuera y buscar puntos de encuentro con o sin bloqueo.

socialismo

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